José Ramón SAIZ VIADERO

Primeros pasos de la Fundación Bruno Alonso

Que yo sepa, la recientemente presentada en sociedad Fundación Bruno Alonso es la primera entidad no partidista pero declaradamente de izquierdas que funciona en Cantabria. Anteriormente hubo dos intentos de parecido signo: el primero de ellos apareció a comienzos de los años ochenta con la Fundación Pablo Iglesias, cuya delegación en Santander ostentada por el PSOE había de denominarse Fernando de los Ríos, y que no pasó del acto de su presentación oficial; el otro, lo fue en los años noventa, a cargo de la Fundación Primero de Mayo, dependiente del sindicato CCOO, y cuya actividad no logró superar la etapa de acopio de documentación. En ambos casos, su frustración tuvo mucho que ver con la desidia manifiesta de alguno de sus promotores.
Ahora la Fundación Bruno Alonso –denominación bastante utilizada, y hasta manoseada, para algunos fines no siempre acordes con la memoria del líder socialista- pretende revitalizar el recuerdo de quien fuera durante toda su vida infatigable servidor de la clase obrera, honrado representante de las inquietudes políticas del socialismo, amante de su tierra hasta el último suspiro, concejal santanderino y diputado cántabro elegido en las tres legislaturas de la Segunda República, y por siempre defensor de toda actividad que fuera dirigida a conseguir la unidad política y sindical de la izquierda española.
Pero, además, los patronos de la Fundación Bruno Alonso pretenden constituirse en archivo de investigación sobre los acontecimientos sucedidos en la época vivida por el líder sindicalista, así como en foro abierto para el debate de la problemática suscitada por la participación de la Izquierda en la actividad pública y, más concretamente, en la vida política española.
Su presentación en sociedad –más de quinientas personas- no pudo ser más clamorosa, concitando la atención sobre todo de aquellos que aún pensamos que el pensamiento y la acción de la Izquierda pueden superar la marea de lodo con la que los han cubierto las actitudes y actividades de muchos de sus componentes, de la misma manera que sobrevivieron a los cuarenta años de dictadura franquista. Bruno Alonso lo había repetido durante muchas de sus intervenciones públicas en el sindicato y en el partido: “En lo accesorio podemos discutir de todo, pero en lo fundamental nada es negociable”.
La Izquierda debe tomar como ejemplo los rasgos de honradez y transparencia de un hombre perteneciente a un tiempo pasado (no demasiado pasado: falleció en 1977 con casi noventa años, sin haber visto personalmente la recuperación de la democracia en España), pero que a algunos, a juzgar por su honesta y coherente manera de interpretar la intervención política, les puede parecer más bien propio de las cavernas de Altamira.
De momento, pese al éxito de esta primera convocatoria fundacional, sin necesidad de movilizar a militantes con autobuses y bocadillo incluido, el nombre de Bruno Alonso ha servido para demostrar que entre los propios socialistas existe una importante fractura que llenaría de dolor al diputado sin corbata, como en los últimos años de su existencia sucediera al tener constancia de la división y enfrentamiento entre el PSOE y el PSOE-histórico. Una fractura que se encuentra en el seno de la militancia cántabra y que, al parecer, se quiere mantener también hasta las alturas del recién formado Gobierno de coalición PSOE-PRC o PRC-PSOE, tanto monta.
Porque el pasado lunes 14 de julio pudimos contar con la presencia de un testigo de excepción de los casi últimos cincuenta años de Bruno Alonso como es Eulalio Ferrer Rodríguez, la de una nieta y bisnietos del líder trasmerano, la de numerosas representaciones sindicalistas y de centros sociales y culturales de la región, además del alcalde y el concejal de Cultura santanderinos, pero la presencia institucional del Parlamento y del Gobierno de Cantabria brilló por su ausencia, sin ninguna delegación, sin ninguna disculpa formal y normal. Mientras que el Ayuntamiento de Arnuero, municipio donde nació don Bruno, lamentaba la coincidencia con un pleno de gran trascendencia, el de Camargo, que le dio el nombramiento de hijo adoptivo, ni envió acuse de recibo a la invitación.
Simplemente una serie de evasivas farfulladas con escasa anterioridad por el presidente Revilla, envueltas en alguna deplorable mentirijilla, que preconizan los derroteros por los cuales pueden discurrir las actitudes de ciertos componentes de este Gobierno de nueva implantación.
Si algunos de sus antecesores tenían que ser sustituidos porque ya levitaban o estaban a punto de hacerlo, estos sucesores parecen reptar por las paredes de la mentira y la sinuosidad. Nada nuevo en Dinamarca, por otra parte.