PRESENTACIÓN DE LA FUNDACIÓN BRUNO ALONSO
EN SANTANDER. 14 de Julio de 2003.
Intervención del Presidente, D. Jesús Gutiérrez Morlote
Excmo. Sr. Alcalde de Santander, autoridades, amigas y amigos:
Muchas gracias por acompañarnos hoy en la presentación de la Fundación Bruno Alonso.
Como saben, es una institución cultural dedicada al conocimiento del socialismo y, en general, de la izquierda y el movimiento sindical en nuestra Región, así como a la conservación y enriquecimiento de su patrimonio histórico y al estudio y la investigación de las corrientes de pensamiento socialista actual.
Con su nombre rinde homenaje al dirigente del PSOE y de la UGT en la Cantabria de los años 30, y con él a los miles de cántabros que hace casi setenta años vivieron y sufrieron unos tiempos terribles provocados por el golpe de Estado contra el Gobierno elegido tras las elecciones de 1936.
Muchos fueron los cántabros que murieron en la guerra civil desatada por el golpe, muchos los que marcharon al exilio para salvar sus vidas, muchos más los que se quedaron aquí, condenados al silencio, exiliados en su propia tierra.
Mujeres y hombres de toda condición (diputados, alcaldes y concejales, funcionarios, militantes políticos y sindicales, profesionales, trabajadores, empresarios, soldados y, sobre todo, personas comunes y corrientes), cuya memoria queremos honrar desde esta Fundación Bruno Alonso, por justicia histórica, sin rencor, buscando conocer el pasado para evitar que se repita.
Hitos de esa lenta recuperación de un tiempo que aún nos duele han sido tanto la Resolución aprobada por unanimidad en el Congreso de los Diputados condenando el uso de la violencia para imponer, como en 1936, convicciones políticas o regímenes totalitarios, como también la reciente creación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, de alcance nacional, que en Cantabria tiene su correlato en la Asociación Héroes de la República y la Libertad, cuyo presidente, Antonio Ontañón, hoy nos acompaña.
La Fundación desarrolla toda clase de actividades orientadas al mantenimiento del recuerdo de la figura y obra de Bruno Alonso, estudiando su época y el medio social y político en que se desenvolvió. Quiere también contribuir a dar voz y rostro a quienes han tenido que callar hasta ahora, bien por miedo, bien --lo que es igual de doloroso-- porque nadie ha tenido la sensibilidad de escuchar esas voces dormidas.
Bruno Alonso fue un artífice destacado del socialismo en Cantabria y una figura señera, impresionante, por su talla moral y ética. Al margen de su actividad política, hay unanimidad entre los que le conocieron y le trataron, fueran de izquierdas o de derechas, en que Bruno Alonso fue un socialista de bondad y honradez intachables, siempre beligerante y combativo contra la corrupción y las injusticias y desigualdades sociales.
Don Eulalio Ferrer Rodríguez, Patrono de Honor de la Fundación, exiliado como él en México, que fuera su albacea testamentario, Eulalio Ferrer que hoy nos honra con su presencia y que esta misma tarde ha recibido de manos de la Sra. Ministra de Asuntos Exteriores la Gran Cruz de Isabel la Católica, lo escribe en uno de sus muchos libros. La cita es textual: En la honestidad, Bruno Alonso solo podría ser criticado por excederse en ella. Pertenecía a la escuela más pura del socialismo: la de la moral como idea y la de la idea como moral. Aquello que los romanos llamaban virtud plena. Una honestidad vertical, de rotundas transparencias... En cuanto a los intereses, era de una austeridad sin límites. Fin de la cita. ¡Qué hermosa, qué deslumbrante afirmación de principios, que nunca debieron olvidarse!
Bruno Alonso murió en México, un país que, en sus propias palabras, ofrecía generosamente su hospitalidad en un clima de plena libertad. Su Presidente, el general Lázaro Cárdenas del Río, hizo posible que más de 30.000 españoles rehicieran allí sus vidas. Merece por ello nuestra gratitud y eterno reconocimiento.
En México viven los familiares más próximos de Bruno Alonso, sus hijas Rosa y Loli. Otra de sus hijas, Manolita, recientemente fallecida, y el esposo de ésta, Agustín Centeno, santanderino y callealtero, han sido los primeros en apoyarnos para consolidar esta institución cuyo fundador, José Manuel Cano, es también familiar de Bruno Alonso. A todos ellos nuestro agradecimiento.
Nos acompaña en este acto una nieta de Bruno Alonso, Menchu Centeno Alonso, hija de Agustín y de Manolita. Nos alegramos de que pueda ser testigo del afecto y el respeto que, veinticinco años después de su muerte y más de sesenta años después de su exilio, nos sigue inspirando la figura de su abuelo.
Voy terminando. Pero aún quiero subrayar otro hecho que justifica este acto de presentación de la Fundación Bruno Alonso y la presencia en la tribuna de oradores de los escritores Dulce Chacón y José Ramón Sáiz Viadero.
La España de la democracia y de la reconciliación no ha hecho todos sus deberes con la memoria y la vida de las víctimas de la guerra civil. Decenas de libros de éxito, entre los más vendidos en España en los últimos años, algunas buenas películas de ficción, y exposiciones y documentales de mucho valor intentan ahora reparar esa injusticia.
Pero no debemos olvidar que otros cumplieron mucho antes con esa obligación. ¿Es que la sociedad no estaba preparada para ese examen de conciencia? Tal vez hemos sido injustos con los que primero alzaron la voz con valentía contra el adormecimiento de la memoria colectiva y de nuestras conciencias. Los excelentes trabajos de Dulce Chacón --la novela Cielos de Barro y, sobre todo, el imponente documento que es La Voz Dormida-- donde explora con estremecedor verismo el lado oscuro, oculto y silenciado de la postguerra, dando voz y poniendo rostro a quienes estaban condenados al silencio década tras década; la afirmación de que la guerra civil terminará cuando no haya ni una sola persona que necesite bajar la voz para contar su historia, tuvieron precedentes tempranos en Cantabria, apenas muerto Franco, en Crónicas de la Guerra Civil y en Crónicas republicanas, publicadas por Sáiz Viadero en los años setenta, y --permitan que vuelva de nuevo a nuestro admirado don Eulalio Ferrer-- en alguno de los libros de éste, fruto de una memoria que está hecha de sufrimiento, de honradez, de experiencia del exilio, y de sentido común.
Nada sólido puede construirse sobre la ignorancia, el fanatismo o la ambición. Por eso, la recuperación de la memoria histórica, el conocimiento de todo lo sucedido, debe hacerse desde la infinita voluntad de diálogo y la más absoluta generosidad.
La Fundación Bruno Alonso es un lugar de encuentro para quienes quieran reflexionar, debatir, trabajar en fin, con la meta de hacer progresar la sociedad, de hacerla más humana y más justa. Para quienes, desde la más exigente honestidad intelectual, no tengan miedo al apellido radical, si con él se quiere definir una perspectiva que empieza en la raíz de las cosas, en la razón primera de lo que acontece. Para quienes busquen la verdad, sin miedo a encontrarla.
Esta que fue mi ciudad ya no lo es, fue otra, dijo un insigne exiliado, Max Aub, al volver a la Valencia de su infancia, probablemente desde la amargura de quien se siente olvidado de los que disfrutan la libertad por la que él mismo luchó. Queremos contribuir a la construcción de un futuro en el que se pueda afirmar de nuevo, en positivo, que esta ciudad, que este país no sean lo que fueron, porque donde hubo odio, miedo, ignorancia, haya tolerancia, confianza, conocimiento.
Estamos aquí hoy para conocer algo más de ese pasado que nos incumbe: como españoles, como cántabros, como socialistas, como izquierda, como ciudadanos (que cada cual tome el adjetivo que tenga por conveniente). Para colaborar en la construcción de un futuro mejor desde la referencia ética de Bruno Alonso, transmitida por testigos como Eulalio Ferrer.
Estamos aquí para sumar nuestros esfuerzos, como Fundación y como personas, en una de las tareas pendientes en la España de hoy: la recuperación leal y solidaria de una memoria sin la cual la Constitución española de 1.978 no podría llamarse la Constitución de la concordia.
Muchas gracias, de nuevo, por su presencia.
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